Creado por El Vuelo de la Mariposa

Aunque los lazos materiales desaparecen con a muerte de un Ser Querido,

los espirituales se fortalecen cuando nos unimos con ellos en oración.

El Vuelo de la Mariposa

Relato de Morella

Mi experiencia la tarde del domingo 10/9/17


Recuerdo de esta manera, la voz de Carmen para mí era borrosa, le entendía poco me dio pena decir que me costaba entender sus palabras….

Solo puse intención y oí lo del árbol, a eso me dediqué a subir el árbol, a llegar arriba, vi una toda una ciudad era como rascacielos en el aire, sus colores eran como azul cielo y verde manzana.

Detallaré cosas que recuerdo, creo que no están en el audio,

   La mujer que vi era hermosa su luz… su cara no la puedo detallar y creo saber porque, sencillamente siento que lo que esta allá arriba no tiene figura humana, luz incandescente, su vestido a veces lo vi de amarillo y es como si vera recorrer la energía por todo su ser, cuando la pienso en vez de sentirla puedo ver su cara con cierta nitidez.

En cuanto al encuentro con mi mamá, no vi su cuerpo, pero sentí y vi una energía brillante, cuando se me indicó que le pusiera cuerpo lo logré, es difusa la imagen, prevale la luz brillante sobre el cuerpo o tal vez hay mitad de luz y mitad cuerpo. Una fusión entre luz y cuerpo.

Al verla a ella y sentir su energía es como abrazar el aire tal vez, no sé cómo describirlo, luego el encuentro con mi papá fue igual de asombroso.

Cuando hablaste del resto de mis familiares y amigos, fue impresionante ver muchas luces, es decir, eran caras de muchas personas que reflejaban su propia luz, una imagen hermosa en mi cabeza.

Esa sensación de ser abrazada por el aire, por dar un nombre es espectacular, a medida que se fue desarrollando “El Vuelo de la Mariposa”. Con mis padres las sensaciones eran distintas… Con el chico la sensación del abrazo la sentí aún más, fue como abrazar una nube o un algodón por dar una comparación.

El chico fue espontaneo, su abrazo lleno de alegría, comprensión de saber que lo podía sentir y ver un poco, lo vi como si viniera en una calle caminando tranquilamente y m abraza… tú me dijiste que ya él sabía que hacer.

Con el señor de México, fue distinto su energía era pesada y oscura, lo pude ver desde su peso rellenito hasta lo flaco que llegó a ser...

No quería seguir el camino a la luz por lo que dices…

Relato de Maribel

Este es el relato de mi experiencia de “el vuelo de la mariposa” que hice por skype el 23 de septiembre de 2017:


“Ese día conseguí seguir la meditación y dejé que mi mente fuera libre. En mi vuelo siempre están mi marido y mi hijo, de hecho, somos los tres adolescentes que me imagino van a pasar el día al campo despreocupados de todo. Ellos van vestidos de calle; mi hijo con sus pantalones slim ajustados, zapatillas, su camisa y su corbata; mi marido con pantalones cortos, un polo y zapatillas blancas y, yo, con un vestido negro y descalza. Lo primero que hacemos es abrazarnos durante un rato largo, el suficiente para sentir nuestro calor; después formamos un círculo uniendo nuestras manos y miramos al sol, imaginando que un rayo se proyecta desde arriba y alcanza cada uno de nuestros corazones, permaneciendo así hasta que cada uno de nosotros va desapareciendo. Es entonces cuando me quedo sola y viene a mi mano una semilla brillante de la que van creciendo tallos verdes y flores de muchos colores. Lo abrazo, lo acaricio y después de susurrarle que me voy a ir a explorar el sitio donde estoy, lo dejo en el suelo plantado, pero no se queda solo, lo dejo cuidado por el perrito que mi hijo nos dejó.

A medida que me voy alejando del ramo y acercando al bosque de color verde oscuro, va apareciendo un árbol de un verde clarito, tronco esponjoso y muy mimoso; permanecemos en silencio y después él me sube a su copa; le doy las gracias y me ofrece una cesta llena de polvo de estrellas. Comienzo a mirar el horizonte

A partir de este momento y en este segundo vuelo, todo lo que relato a continuación surgió de forma espontánea de mi mente sin que yo lo evocara. El paisaje  es casi siempre verde y digo casi siempre porque no veo un único sitio, sino lugares difusos y cambiantes.

De repente veo muchos árboles  y praderas  muy verdes, como cuando tienen abundancia de agua, pero sin apenas pasar unos segundos se convierten en montañas nevadas o en paisajes que tienen un río muy largo que discurre  entre montañas o, de repente se torna todo azul donde se fusiona el cielo con el mar. Todo cambia rápido, nada queda quieto.

Comienzo a volar sin prisa, lentamente,  sobre la pradera y como por arte de magia  viene un animalito: "es Bambi", pero no es real, ¡ es un dibujo animado ¡.  Es como si le hubieran perfilado la silueta con un rotulador brillante y pintado el cuerpo de color blanco su lomo y su cabeza y el resto del cuerpo de un azul clarito mezclado con blanco brillante. Emite luz y cuando nos acercamos el uno al otro, no hablamos, sólo permanecemos en silencio. Las palabras no son necesarias, no las necesitamos, sólo observamos juntos el paisaje que continúa cambiando rápidamente. Bambi no puede volar,  pero no importa, derramo parte del polvo de estrellas al aire y al momento se construyen unas escaleras de peldaños resplandecientes. Comenzamos a subirlos y cuando estamos en el último,  llegamos a un mirador. Frente a nosotros,  hay un  río que se pierde entre las montañas. Nos sentamos y miramos;  le acaricio,  es muy mimoso,  como el árbol, y la compañía mutua nos regala paz. El sueño continua sorprendiéndonos porque aparece un conejito que a diferencia de Bambi, ¡ si es real ¡; entre ellos parece como si ya se conocieran. Seguimos los tres en silencio, pero sentimos la necesidad de continuar el camino y vuelvo a espolvorear polvo de estrellas; ahora sí, los tres podemos volar y emprendemos viaje hacia el paisaje lleno de montañas, ríos y flores. Aparece un túnel y nos adentramos en él; es largo y estrecho pero también con mucha luz. Al final de este túnel vemos el árbol que me subió a su copa y un poco más adelante, chiquititos, muy chiquititos, vemos al ramo de flores junto al perrito de mi hijo. Los dos están tranquilos. Nos acercamos a ellos y el perrito corre a saludar al conejito y a Bambi; parece que también se conocen porque todos mueven su rabito. Dejamos de nuevo el ramo y al perrito y continuamos nuestro viaje para seguir explorando lugares que el sueño y esta aventuran me siguen regalando.

El silencio y su presencia me calman, es como si no hiciera falta nada más, pero tras este tiempo de paz, siento que debo despedirme de ellos y volver. Se alejan y yo regreso de nuevo, sobrevolando el árbol amigo,  al lugar donde está el ramo de flores; el perrito lo ha cuidado muy bien porque ambos se sienten felices y éste olisquea el ramo suavemente; le digo que es hora de regresar a casa, que lo ha hecho muy bien y que es “un buen cuidador de ramos de flores”.  Recojo el ramo con suavidad como si fuera un bebé, lo abrazo y le explico que tengo que volver con mis dos  amigos, mi hijo y mi marido. El ramo lo comprende y lo entiende y, muy lentamente, va replegando sus ramas y flores hasta quedar de nuevo dentro de la semilla que está situada en la de mi mano.

Me acerco al círculo donde han vuelto a aparecer mi marido y mi hijo. Nos abrazamos los tres y en ese mismo momento la semilla salta de mi mano y se introduce en los tres corazones. Es hora de despedirse,  ninguno queremos, pero no tenemos pena porque sabemos que volveremos a vernos.

Con las manos unidas levantamos la cabeza hacia el cielo y observamos como el rayo de luz brillante que nos une a los tres va desapareciendo, se eleva hacia el cielo cerrándose el círculo y dando paso a un cielo azul. Tenemos que despedirnos de nuestro hijo, así que lo abrazamos de nuevo y lo dejamos partir; se aleja, nos dice adiós con la mano y se adentra en el bosque. Su padre y yo nos quedamos mirando hasta que desaparece, nos damos la mano y nos vamos junto al perrito para emprender el camino de vuelta a casa.

No sé si Bambi es mi hijo, pero no siento necesidad, no tengo prisa en este vuelo por saberlo, quizás porque tengo miedo, no lo sé.  Quiero creer que si Bambi es él, sabrá cuando decírmelo, él escogerá el momento adecuado para hacerlo.

Relato de Carmen

Vuelo de la Mariposa 27/05/2017

Vamos a la pradera, de cada uno de nosotros sale un rayo que sube al cielo, y todos confluyen en un mismo punto abriendo una brecha, de ella emana una lluvia de energía amarilla que cae y nos baña a todos.

La semilla de mi corazón da como fruto unas ramas de olivo. No son vistosos, más bien escasos, sólo el tallo y hojas verdes de olivo. Me apena que sea tan poco exuberante, escaso, casi pobre. Pero decido no pensar en ello, sino mirarlo con cariño, ofrecerle amor a ese ser vivo, como se le ofrece al que es débil, especialmente cariñosa por su debilidad, por su necesidad de protección.

 Le digo que lo voy a dejar allí plantado, que esté tranquilo, que luego volveré a por él y que si puede, me eche una manita. 

 Empezamos a caminar, pero mi visión es muy corta. No tengo perspectiva, no veo un paisaje abierto, solo puedo ver un metro por delante de mí como mucho. Estoy en un camino de tierra y voy vestida con  una especie de mono blanco, traje pantalón  de una sola pieza, muy bonito,  vaporoso, con pliegues, los pies no me los veo pero supongo que voy descalza.

Me quedo estancada, no avanzo ni veo bien, así que me dejo llevar por lo que Jose Luis le dice a otra señora, sobre el pajarito. Lo recreo en mi mente, veo el pájaro, hablo con él, saltamos, le digo que me lleve, que me guie, nos elevamos.

Y veo delante de mí algo gracioso. Hay una especie de brocheta, como esas que son banderillas de salados (aceitunas, pepinillos, cebollitas, etc…) pero a escala humana. Esta en medio del aire y es alta. Empiezo a subir por ella, los tropezones me sirven de pie, de escalones. Algo surrealista pero así fue.

Subo y subo hasta llegar a un techo de nubes por donde atraviesa la brocheta. Sé que he llegado a un punto importante, desconcertante, así que atravieso al otro lado de las nubes, y me siento en esa colchoneta blanca de nubes.

Espero allí sentada y me pregunto, a ver qué pasa, a ver si viene alguien. Veo que se acerca un grupo de personas, pero sólo les veo de las rodillas para abajo, ni siquiera medio cuerpo (de cintura para abajo). Llevan túnicas, como esas que visten los senadores romanos antiguos, veo sus rodillas marcándose contra la tela a medida que caminan.

Llegan a donde estoy, están frente a mí, aunque no los veo ni los distingo.

Pregunto si Jaime está ahí, y empiezo a vislumbrarlo pero creo que lo estoy pensando yo, que lo estoy imaginando, que es construcción de mi mente por mi deseo de verle.

Aún así continuo con la experiencia. Su cara es alegre, guasona, no me dice nada, solo se rie con sonrisa picarona. Le extiendo mis manos y le digo que me las tome, no llego a sentirlo  bien; siento algo su abrazo, pero creo que lo estaba creando yo. No importa, sigo.

Le pregunto quienes son los otros, y sin contestarme, voltea la cabeza riéndose, como diciendo, ahí están, míralos tu misma.

Una de las figuras del grupo se separa, como para hacerse notar, y sin verla en forma definida, siento que es mi madre. Vuelvo a sentir su sonrisa acogedora, su amor de madre que hace tanto tiempo no disfruto porque partió hace nueve años. Me emociono de sentir a mi madre, mucho, lloro de sentimiento.

La sentí más a ella que a Jaime.

Después les digo que no quiero pedirles nada, que siempre estamos pidiendo cosas, pero que ellos me digan  o me ofrezcan lo que estimen más conveniente para mí, que ahí estoy yo para recibirlo.

Entonces se forma algo precioso. Delante de mí se forma un abanico de plumas de pavo real, azules, verdes, moradas, grande, a escala humana. Como si se levantara delante de mí una pared con la forma de ese abanico, después se flexiona haciendo un semicírculo alrededor mío.

Yo quedo dentro de ese espacio, de ese semicírculo y siento una energía muy bonita, tranquilizadora, revitalizante. Creo que me dieron entre todos un chute de energía.

Finalmente les doy las gracias y les digo que me voy porque me siento agotada.

Vuelvo al agujero por donde estaba la brocheta para bajar, pero ahora lo que hay es una barra de acero como esas por las que bajan los bomberos. Me agarro a ella y me deslizo hacia abajo, muy divertido, me tiré.

Cuando llego a donde estaba el ramo, no había ramo, en su lugar veo plantado en el suelo un objeto de madera, color marrón oscuro, y es un símbolo triangular; hay algo más dentro del triangulo pero no consigo distinguirlo. Solo percibo una forma triangular. Me extraño, pero lo cojo del suelo y me voy.

COMENTARIO de mi mente analizadora: José Luis, de lo relatado me da la impresión de que he recreado y montado yo mentalmente lo que ví de Jaime, era sentido, sí, pero también construido obedeciendo a mi deseo. Sin embargo, hay otras partes que tengo la certeza de no haberlas construido yo, jaja, lo de la brocheta, jamás se me ocurriría algo así, lo del abanico de pavo real, el símbolo triangular que encontré de vuelta en vez del ramo. Todas esas cosas no se me ocurrirían ni a mí ni a mi imaginación. Por lo tanto, me reafirman en la creencia de que podemos comunicar, que ellos tienen mensajes para nosotros. Eso no venía de mí, venía de fuera.

Estoy muy contenta de la experiencia de ayer, creo que para mí es un gran paso haber vivido, visto y sentido todo eso. Y seguiré intentándolo, porque confío en el amor, en ellos, en que todo llegará a su debido momento.

Muchísimas gracias a ti por ser tan amoroso, por tu preocupación y atención, me siento bendecida y reconfortada. Gracias a los compañeros de vuelo, de camino. Un grupo precioso.

Relato de Claudia

Hechos durante mi vuelo


La comunicación que percibía tanto de mi padre como de aquellos a los que sentí durante mi vuelo, era de Corazón a Corazón, telepática. En ningún momento note que alguien moviera los labios mas sin embargo podía comprender todo lo que me transmitían. Me gusta pensar que en el más allá todos hablamos el mismo idioma, el idioma del Amor. 

 También pude notar que los colores tenían más color, recuerdo ver flores y el césped, era tan hermoso, tan colorido. Sentía una gran paz, y todo lo veía como si fuera una película nueva, las imágenes se iban apareciendo, parecía que era espectador, pero al mismo tiempo participaba, era como un sueño, pero estaba despierta, todo se va dando como se tiene que dar y no como pensé que se daría. En cuanto al tiempo, jamás sentí las dos horas y media que duro mi vuelo, porque en ese momento el tiempo no era tiempo, creo que estaba demasiado desconectada y el tiempo no se sentía igual, yo pensé que había sido solo unos minutos y me lleve una sorpresa al darme cuenta de que no fue así. 

 La personalidad de mi padre y de los seres que percibí, y a los que no conocía, se hizo presente. Por ejemplo, Aday era muy juguetón, bailaba todo el tiempo y jugaba con picarme el ombligo, yo no entendía porque era así, era muy notorio, pero cuando Pino comenta de él, de su forma de ser, lo comprendo. También me mostró su guitarra, jamás pensé que el en vida pertenecía a una Murga, no tenia ni idea que era eso. Lo que más me impacto fue que al momento que José Luis, quien me estaba dirigiendo, me pregunta alguna situación acerca de la mano de Pino, madre de Aday, pude ver pecas en sus manos. También constantemente me mostraba un anillo grande. Pues bien Pino usaba un anillo que pertenecía a Aday y en efecto tiene pecas en las manos. Cabe mencionar que no conozco físicamente a Pino, pero pude percibir las pecas de una manera muy nítida. La respuesta que esperaban tanto José Luis como Pino era algo relacionado con un malestar que ella estaba sintiendo en ese momento en su mano. Eso para mi tiene mucho significado porque siento que ellos nos dan la vuelta con sus respuestas, para que no dudemos que son ellos. Si yo hubiera comentado lo de la molestia en la mano, tal vez pensarían que yo lo había intuido, pero no fue así. Creo que los vuelos no se pueden controlar y que ellos nos dan la información que creen pertinente, creo que nuestros seres controlan el vuelo. 

Otro hecho es de que mi padre me daba a entender que no llorara en su tumba, que el no se encontraba ahí, que solo era el lugar donde se encontraban sus restos, que no sintiera dolor al visitar ese lugar, si quería llevarle flores estaba bien, pero el no estaba ahí. También me pidió que orara por las almas que están olvidadas, que mandara luz para ellas. Algo muy lindo es que papa me mostró una pantalla grande, donde pude ver edificios, semáforos, carros, y gente caminando por las calles y a lado de la gente que se encuentra en este plano físico veía esferas de luz, papa me dio a entender que son ellos, que siempre están con nosotros, que caminan a nuestro lado, cada persona tenia a alguien que lo seguía, pero que estábamos tan distraídos con el vaivén de esta vida que no los notábamos, era padrísima percibir esa escena. No estamos solos, aunque creamos que estamos muy solos, no lo estamos, ellos siempre nos vigilan, siempre están a nuestro lado, estamos tan distraídos con las “trampas” de esta vida que no nos damos cuenta de lo que podemos sentir, bueno así fue como lo percibí. 

Estos son algunos hechos que he sentido durante mis vuelos, he vivido más, uno muy padre es que en mi primer vuelo José Luis me pedía que pisara una flor, yo trate de hacerlo, pero la flor me esquivaba, y si la pisaba era como un resorte, no la podía aplastar, la flor se levantaba y seguía intacta y con el mismo color, es que de seguro allá donde todo es armonía no existe la destrucción…