Aunque los lazos materiales desaparecen con a muerte de un Ser Querido,

los espirituales se fortalecen cuando nos unimos con ellos en oración.

El Vuelo de la Mariposa

Carmen: Relato del vuelo

04/12/2019

Carmen: Relato del vuelo

Vuelo de la Mariposa 27/05/2017

 

Después les digo que no quiero pedirles nada, que siempre estamos pidiendo cosas, pero que ellos me digan  o me ofrezcan lo que estimen más conveniente para mí, que ahí estoy yo para recibirlo. Entonces se forma algo precioso. Delante de mí se forma un abanico de plumas de pavo real, azules, verdes, moradas, grande, a escala humana. Como si se levantara delante de mí una pared con la forma de ese abanico, después se flexiona haciendo un semicírculo alrededor mío. Yo quedo dentro de ese espacio, de ese semicírculo y siento una energía muy bonita, tranquilizadora, revitalizante. Creo que me dieron entre todos un chute de energía.

Vuelo de la Mariposa 27/05/2017

Vamos a la pradera, de cada uno de nosotros sale un rayo que sube al cielo, y todos confluyen en un mismo punto abriendo una brecha, de ella emana una lluvia de energía amarilla que cae y nos baña a todos.

La semilla de mi corazón da como fruto unas ramas de olivo. No son vistosos, más bien escasos, sólo el tallo y hojas verdes de olivo. Me apena que sea tan poco exuberante, escaso, casi pobre. Pero decido no pensar en ello, sino mirarlo con cariño, ofrecerle amor a ese ser vivo, como se le ofrece al que es débil, especialmente cariñosa por su debilidad, por su necesidad de protección.

Le digo que lo voy a dejar allí plantado, que esté tranquilo, que luego volveré a por él y que si puede, me eche una manita. 

Empezamos a caminar, pero mi visión es muy corta. No tengo perspectiva, no veo un paisaje abierto, solo puedo ver un metro por delante de mí como mucho. Estoy en un camino de tierra y voy vestida con  una especie de mono blanco, traje pantalón  de una sola pieza, muy bonito,  vaporoso, con pliegues, los pies no me los veo pero supongo que voy descalza.

Me quedo estancada, no avanzo ni veo bien, así que me dejo llevar por lo que Jose Luis le dice a otra señora, sobre el pajarito. Lo recreo en mi mente, veo el pájaro, hablo con él, saltamos, le digo que me lleve, que me guie, nos elevamos.

Y veo delante de mí algo gracioso. Hay una especie de brocheta, como esas que son banderillas de salados (aceitunas, pepinillos, cebollitas, etc…) pero a escala humana. Esta en medio del aire y es alta. Empiezo a subir por ella, los tropezones me sirven de pie, de escalones. Algo surrealista pero así fue.

Subo y subo hasta llegar a un techo de nubes por donde atraviesa la brocheta. Sé que he llegado a un punto importante, desconcertante, así que atravieso al otro lado de las nubes, y me siento en esa colchoneta blanca de nubes.

Espero allí sentada y me pregunto, a ver qué pasa, a ver si viene alguien. Veo que se acerca un grupo de personas, pero sólo les veo de las rodillas para abajo, ni siquiera medio cuerpo (de cintura para abajo). Llevan túnicas, como esas que visten los senadores romanos antiguos, veo sus rodillas marcándose contra la tela a medida que caminan.

Llegan a donde estoy, están frente a mí, aunque no los veo ni los distingo.

Pregunto si Jaime está ahí, y empiezo a vislumbrarlo pero creo que lo estoy pensando yo, que lo estoy imaginando, que es construcción de mi mente por mi deseo de verle.

Aún así continuo con la experiencia. Su cara es alegre, guasona, no me dice nada, solo se rie con sonrisa picarona. Le extiendo mis manos y le digo que me las tome, no llego a sentirlo  bien; siento algo su abrazo, pero creo que lo estaba creando yo. No importa, sigo.

Le pregunto quienes son los otros, y sin contestarme, voltea la cabeza riéndose, como diciendo, ahí están, míralos tu misma.

Una de las figuras del grupo se separa, como para hacerse notar, y sin verla en forma definida, siento que es mi madre. Vuelvo a sentir su sonrisa acogedora, su amor de madre que hace tanto tiempo no disfruto porque partió hace nueve años. Me emociono de sentir a mi madre, mucho, lloro de sentimiento.

La sentí más a ella que a Jaime.

Después les digo que no quiero pedirles nada, que siempre estamos pidiendo cosas, pero que ellos me digan  o me ofrezcan lo que estimen más conveniente para mí, que ahí estoy yo para recibirlo.

Entonces se forma algo precioso. Delante de mí se forma un abanico de plumas de pavo real, azules, verdes, moradas, grande, a escala humana. Como si se levantara delante de mí una pared con la forma de ese abanico, después se flexiona haciendo un semicírculo alrededor mío.

Yo quedo dentro de ese espacio, de ese semicírculo y siento una energía muy bonita, tranquilizadora, revitalizante. Creo que me dieron entre todos un chute de energía.

Finalmente les doy las gracias y les digo que me voy porque me siento agotada.

Vuelvo al agujero por donde estaba la brocheta para bajar, pero ahora lo que hay es una barra de acero como esas por las que bajan los bomberos. Me agarro a ella y me deslizo hacia abajo, muy divertido, me tiré.

Cuando llego a donde estaba el ramo, no había ramo, en su lugar veo plantado en el suelo un objeto de madera, color marrón oscuro, y es un símbolo triangular; hay algo más dentro del triangulo pero no consigo distinguirlo. Solo percibo una forma triangular. Me extraño, pero lo cojo del suelo y me voy.

COMENTARIO de mi mente analizadora: José Luis, de lo relatado me da la impresión de que he recreado y montado yo mentalmente lo que ví de Jaime, era sentido, sí, pero también construido obedeciendo a mi deseo. Sin embargo, hay otras partes que tengo la certeza de no haberlas construido yo, jaja, lo de la brocheta, jamás se me ocurriría algo así, lo del abanico de pavo real, el símbolo triangular que encontré de vuelta en vez del ramo. Todas esas cosas no se me ocurrirían ni a mí ni a mi imaginación. Por lo tanto, me reafirman en la creencia de que podemos comunicar, que ellos tienen mensajes para nosotros. Eso no venía de mí, venía de fuera.

Estoy muy contenta de la experiencia de ayer, creo que para mí es un gran paso haber vivido, visto y sentido todo eso. Y seguiré intentándolo, porque confío en el amor, en ellos, en que todo llegará a su debido momento.

Muchísimas gracias a ti por ser tan amoroso, por tu preocupación y atención, me siento bendecida y reconfortada. Gracias a los compañeros de vuelo, de camino. Un grupo precioso.

Claudia: Relato del vuelo Morella: Relato del vuelo