Aunque los lazos materiales desaparecen con a muerte de un Ser Querido,

los espirituales se fortalecen cuando nos unimos con ellos en oración.

El Vuelo de la Mariposa

Testimonio de Noemí

04/12/2019

Testimonio de Noemí

Como llegué a saber que la muerte no existe.


Tenía 31 años cuando perdí a la persona que yo más quería, él también tenía 31 cuando cruzó al otro lado.

Como llegué a saber que la muerte no existe.

 

Tenía 31 años cuando perdí a la persona que yo más quería, él también tenía 31 cuando cruzó al otro lado.

En una sola noche, mi vida se rompió en mil pedazos, llevábamos más de 15 años juntos, y cuatro conviviendo y muchas ilusiones y sueños por cumplir, una vida juntos en la que nuestros sueños empezaban a materializarse y todo se rompió en un momento.

La vida para mí ya no tenía ningún sentido, nada era para mí suficientemente motivador como para agarrarme y continuar este viaje, mi único deseo era terminar, porque ya me sentía terminada, era mucho más cruel permanecer aquí en estas circunstancias.

Recuerdo que para mí, los días pasaban sin más y lentamente, apenas diferenciaba el día de la noche, y dormir era una tortura, porque cuando me despertaba, abría los ojos y volvía a recordar que él no estaba, era como revivir cada mañana todo lo ocurrido y las fuerzas me fallaban.

No podía trabajar, no podía comer, no descansaba, no podía hablar con nadie, no había nada que me motivara para darme un ratito de paz.

Cuando pierdes a alguien tan querido, te planteas el concepto de la muerte. Cuando yo era pequeña creía en Dios, pero luego con el tiempo y diferentes chascos mi fe dejó de existir, y sin creer algo dentro de mí, me decía.... “Búscale, tiene que estar en alguna parte, no siento que se haya marchado”.

Empecé a buscar, no tenía nada de energía, pero la poca que me quedaba tan solo había algo en lo que me apetecía utilizarla, buscarle. Devoré infinidad de libros, reportajes, entrevistas, documentales, charlas etc... Pasaba horas y horas frente al ordenador buscando, me instalé un par de traductores de idiomas, y en principio no descartaba absolutamente nada, todo era información útil que luego catalogaría y aceptaría o rechazaría; incluso visité a algunos videntes.

Es increíble pero cuando adoptas una verdadera actitud de búsqueda, surgen en tu camino personas y situaciones que te van dando pistas que te aproximan a aquello que quieres alcanzar.

Para muchos era una locura tomarme tan en serio esta búsqueda, porque puede que para muchos no había sentido de realizar ninguna búsqueda, pero jamás me importaron esos comentarios, para mí lo único importante era buscarle, una voz dentro de mí lo suplicaba, tenía que saber si tras la muerte física algo de nosotros continua y saber si Raúl estaba bien.

Como decía antes, diferentes pistas surgieron por el camino, y todo iba encaminado a que realmente él existía, pero no voy a extenderme más, y quiero llegar a la que fue para mí la gran prueba de ello.

A pesar de mi afán por buscar, era muy consciente que en mi situación era vulnerable a confiar y creer cualquier cosa para apaciguar mi dolor, es por ello que mantenía siempre una actitud algo excéntrica, no dando cualquier detalle por bueno, no buscaba un consuelo, quería la verdad, y para que fuera verdad tenía que convencerme por mí misma.

De entre la cantidad de información y ayuda que encontré en internet, me aproximé a un foro de ayuda mutua, de personas que habían perdido a un ser querido. Al principio me limitaba a leer los mensajes del foro, más tarde me presenté en un mensaje y pasé después a utilizar ese foro con mensajes dirigidos a Raúl, como otras muchas personas dirigían mensajes a los suyos, era un lugar donde desahogar tu dolor, donde podías explicar tus sentimientos y te entendían, pues eran los mismo que sentían el resto de los participantes.

De entre los mensajes de las personas que participaban, me fijé que hablaban de algo llamado “el vuelo de la mariposa”, las personas que hablaban de ello afirmaban poder contactar con sus seres queridos, de entre ellos especialmente los escritos del ahora mi gran amigo Jose Luis.

¡Poder contactar con ellos directamente! Sinceramente, me parecía increíble, pero como comentaba antes, nada era descartable de entrada, pues mi objetivo era claro, y para llegar a él, no debía juzgar previamente sin conocer, me valía mucho la pena cualquier información que me ayudara a saber.

Un día, le escribí un correo a Jose Luis, en él me presentaba y le hablé de mí, de Raúl, y le pedía me explicase algo sobre el vuelo de la mariposa.

Jose Luis tan cercano, no me conocía, pero me habló de su hija Elena, me envió escritos de su experiencia a partir de la pérdida de Elena y me facilitó el contacto de dos personas que habían hecho el vuelo de la mariposa y eran cercanas a mi geográficamente, con ellas también intercambié algunos correos electrónicos y a su vez con otras personas que también lo habían hecho de diferentes sitios, así día a día muchas noches, muchas horas compartiendo palabras, sentimientos, momentos conocí fui conociendo a diferentes personas con las que nos ayudábamos, algunos habían hecho el vuelo de la mariposa, otros como yo no.

Un día quedé con las dos chicas que me había puesto en contacto Jose Luis para vernos y hablar más tranquilamente, e hicimos el vuelo de la mariposa.

Debo decir que tengo una mente demasiado inquieta, y me costó llegar, pero una de las chicas lo hizo perfectamente, bueno, probaremos otra vez, me dije.

Yo seguía buscando, leyendo y hablaba todos los días con las personas que fui conociendo que estaban en la misma situación, creamos un grupo ya de amigos, amigos del alma, pues eran nuestras almas rotas las que nos unían para apoyarnos los unos en los otros.

De todo esto del vuelo de la mariposa, no lo había comentado a nadie de mi entorno, me parecía tan sumamente difícil de creer y que como yo misma no lo había hecho, no quería preocupar a los demás sin haber tenido ya yo mis propias conclusiones, debía seguir informándome.

Sucedió que vinieron a pasar unos días mis tíos de Mallorca, mi tía bastante aquejada por una depresión, quince días después de fallecer Raúl, lo hacía también mi tía, la hermana de mi tía que venía a pasar unos días, y ella lo llevaba muy mal.

Era domingo, habíamos terminado de comer, y se me pasó por la cabeza hacerle a mi tía el vuelo de la mariposa, ahora ya había visto hacerlo, no lo había experimentado pero había vivido como lo había hecho una persona dirigida por otra, y pensé, si no funciona como mínimo es un ejercicio de relajación, se dormirá y descansará que no le va mal.

Ofrecí a mi tía hacerle una relajación para que se quedara descansada, sin explicarle nada de todo esto, mientras sucedía la relajación me pareció que mi tía se había quedado dormida, y me dispuse a probar de hablar con ella para saber si realmente dormía o solo estaba muy relajada, y efectivamente contestaba a mis preguntas, me describió el paisaje donde se encontraba y en el camino dijo sentir la presencia de alguien, de repente empezó a llorar y a exclamar el nombre de mi tía difunta... ¡Es cierto¡ Me dije interiormente, ella no sabía nada, durante la relajación no se menciona nada, y ahora está hablando con mi tía, sus lágrimas os aseguro que no eran fingidas, ellas y su rostro eran de pura emoción, tras despedirse de mi tía, volvió a sollozar y esta vez llamaba a Raúl, él estaba junto a ella abrazándola y dándole consuelo.

Yo intentaba mantenerme lo más serena posible y no flaquear ante lo que estaba viviendo, pero era tanta mi emoción, las lágrimas me caían constantemente, esto era una gran prueba, se me había concedido una gran prueba, la muerte es solo un paso a una vida mucho mejor.

Tras esta experiencia, continuaron otras, fui haciendo vuelos a algunas personas sin saber ellas de lo que se trataba, otras previa introducción.

Recuerdo el caso de un amigo, al que sin explicarle nada de todo lo que había estado aprendiendo sobre la muerte este tiempo, una noche de primavera en la playa le hice el vuelo también hablándole de una relajación, este chico interrumpió su vuelo sobresaltado, no se atrevía a decirme que había estado con su madre a la que perdió hacía siete años, y su madre sonreía mientras avanzaba a su búsqueda.

Jamás intento convencer a nadie de todo lo que ahora se, pienso que cada cual debe sacar sus conclusiones igual que yo en mi búsqueda siempre traté de ser siempre yo quien sintiera donde estaba la verdad de todo lo que iba conociendo, pero si expongo mi experiencia pues a pesar de ser la mía, encuentro que es significativa ya que mi primer encuentro con el vuelo de la mariposa, fue guiando a una persona a ello sin yo tener la completa certeza de ello y sin esa persona saber nada de lo que estábamos haciendo.

Con los vuelos siguientes aprendí muchas cosas de esa otra vida, y es por ello que anteriormente la he calificado de una vida mucho mejor, es un lugar donde reina el amor, donde los lazos afectivos no se rompen, más bien se agrandan, aprendí a amar incondicionalmente, aprendí que aquí y ahora damos importancia a cosas que realmente no lo son, que nos llevamos a esa otra vida todo el amor que aquí damos y recibimos y que esta vida de ahora es un aprendizaje un simple paso que debemos vivir intensamente y cuanto más avancemos aquí más camino tendremos recorrido allí.

Y lo más importante de todo es que sentí la caricia de Dios, y esa poca fe que antes yo tenía se ha convertido en infinita gratitud e inmenso amor a Jesús, ahora no sabría continuar mi vida ignorando su existencia, es para mí una realidad.

También decir que mi dolor también ha cambiado, la gente suele decir que el tiempo lo cura en todo en estos casos, no fue solo el tiempo el que me ayudó, sigo añorando a Raúl, su ausencia física me sigue doliendo, pero he aprendido a aceptar que todos tenemos un día para regresar a casa, y si antes yo me hubiera cambiado por él, prefería morir yo que él, ahora sabiendo lo que se, pienso que bienvenidas todas mis lágrimas y mi dolor pues él es ahora mucho más feliz y se encuentra en un lugar lleno de amor, donde sé que un día nos encontraremos, mientras debo continuar mi viaje y mi aprendizaje aquí.

Testimonio de José Luis Marisa: Relato de vuelo